Seamos realistas, siempre quisiste saber qué es lo que lleva a esas personas tan poco elocuentes a actuar de la manera en que lo hacen, emitiendo juicios sobre los rumbos que decidís tome tu vida.
Y también, convengamos, en que jamás pudiste conciliar esas diferencias y muy adentro tuyo, en el pequeño rincón de las posibilidades nulas pero aparentes quisiste poder intercambiar algunos factores de los pensamientos ajenos por los tuyos para que así te comprendan un poco más y se autoanalicen pudiendo establecer un diálogo sin crítica o al menos recapacitando en su modo de ser para poder mantener una relación pacífica y orientada hacia la tolerancia para el bienestar de todos.
Los seres humanos somos así, vivimos en un ambiente rodeado de otros que en ocasiones nos comprenden lo suficiente como para llevarse de mil maravillas con uno (esos son muy pocos, a decir verdad), aquellos que a veces buscan entendernos y al no lograrlo crean pequeños conflictos que luego tras una reflexión mutua se aplacan (la mayoría) y esos otros que nunca acabarán por comprender nuestros, a su modo de ver, ridículos hábitos, decisiones equívocas y perspectivas extrañas (que son menos que los segundos pero más que los primeros). Y en ese contexto, nuestro más habitual deseo es el de control: Control para con uno, así no vernos influenciados por lo ajeno, y control para con los demás.
-¡Como me gustaría poder meterme en su cabeza!
Mas, como todos sabemos, lo único que puede llevarse a la práctica con alguna que otra dificultad es lo primero, ya que lo segundo está tan alejado de lo posible como al menos por estas épocas, la teletransportación.
Entre esas tres antes nombradas posibilidades de ser, también se dirime uno. Hay quienes admiramos, o realmente son parecidos a nosotros y por ello ni nos nace chistarles. Están aquellos a los que amamos, adoramos y desamos lo mejor no obstante a veces nos sacan un pelín de quicio, por lo que intercambiamos opiniones no de las mejor manera para luego callar, sabiéndonos desconocedores del carácter ajeno y detestándonos por nuestros arrebatos, entendiendo un tanto más a los demás y mismo a uno por el conflicto. Y están aquellos a los que nunca habremos de comprender en lo más mínimo y por ello nos llevan a rabiar cual can.
-Arsh, ¡Te muerdo! ¡Te muerdo! ¡Te muerdo!
Sean los casos que sean (y en sus múltiples combinaciones), lo que debemos de asimilar es que no existe un método de lectura ni control mental, las personas son todas diferentes, generalmente cuando las elegimos como compañeras de nuestros días, sean amigos, pareja, o lo que fueren, es porque pertenecen al primer o segundo caso, lo cual lleva a mejores tratos por lo general, no obstante así también deberemos de lidiar con segundos y terceros casos los cuales no podremos elegir convivan o no con nuestro ser, y jamás terminaremos de hacernos una imágen de su carácter ya que su universo interno es tan amplio como el propio, y a veces, de manera inexorable, sus galaxias chocarán con las nuestras.
¡Kaboom!
Si alguien te irrita, podés probar por decirle de buen modo que te gustaría platicar sobre algunos asuntillos (e intentar hacerlo con calma), mas jamás enojarte si no lo comprenden, es algo que está fuera de uno.
Y si alguien no te entiende y por ello profiere comentarios despectivos, burlas o cuestiones para nada productivas, simplemente ignorarlo, no es un problema para vos hasta que no reaccionás y lo hacés tuyo.
Si uno está seguro del camino que elije y está feliz con ello no debe sentirse angustiado por quienes no están de acuerdo. Siempre los habrá. De ello únicamente se tiene que extraer aquello que pueda servirnos para mejorías internas, buscando un equilibrio a través de la reflexión, sin afectarse.
Y siempre, siempre, aunque probablemente ya lo hayas leído un sinnúmero de veces, teniéndolo por sabido mas no del todo aplicado por variadas razones, ser de la misma forma que nos agradaría se comporten con uno, con los demás.
Puede que lo antes dicho parezca difícil, no niego que en parte lo sea, pero ¿Quién dice es imposible?








